La calificación otorgada rebotó en las paredes de la sala sacando del sopor al resto de profesores. Incapaz de volver al crucigrama, uno de los presentes pareció inquirir la razón de aquello, y el sacerdote, profesor de religión, comentó que el alumno en cuestión 'no le había cogido un par de cositas'. [*] Coger, comprender, entender. Más allá de la limitada mente humana, la divinidad acostumbraba a expresarse de manera categórica: 'yo soy el que soy', decía a menudo, cercenando de raíz cualquier duda sobre su persona, o sustancia, o naturaleza. Joder, para qué estaba la fe si no para sortear la lógica impuesta por la sinapsis e ir en pos de esa ataraxia que monopolizaban los cielos de la cristiandad. Digo. Los recientes avances de la medicina en materia de fecundación artificial, así como la cirugía en el parto, propiciaban un acercamiento al misterio de la santísima concepción y el posterior nacimiento de jesús de nazaret. Pero es que en aquellos tiempos . . . Con seguridad, el alumno veía en los textos bíblicos una profecía del futuro que habría de venir y de cómo, paradójicamente, la ciencia estaría llamada a legitimar las aspiraciones de aquel lunático que aseguraba ser el mismísimo hijo de dios. Jesús, al parecer hijo único, formaba no obstante parte indisoluble del padre y de una paloma, 'columba livia' en el argot, situación que habría de necesitar de dos milenios para que el trastorno de identidad disociativo se instalase por derecho propio en los manuales de siquiatría. Pero estas elucubraciones se mostraban demasiado complejas para esa etapa del antiguo bachillerato unificado y pomposamente denominado polivalente. Escépticos, varios de los presentes optaron por considerar otras variantes semánticas de menor calado y más acordes a los cocientes intelectuales usuales en la institución. La provecta edad de algunos los hizo sonrojar al tiempo que bajaban la mirada : lejana ya en el recuerdo, la ancestral pederastia del clero nunca antes se hubiera atrevido a tanto, circunscribiéndose a las visitas al confesionario por la parte frontal. Allí, penitente y sacerdote se fundían en un abrazo del que era materialmente imposible zafarse. La ambigua paternidad espiritual de los religiosos emergía y el confesor se entregaba a relatar la consabida retahíla de consejos e imponer la penitencia. Mientras aquellos incipientes pecadores pugnaban por mantener la compostura, el hálito de la voz paternal humedecía y sofocaba sus mejillas al tiempo que rizaba los cabellos. Visiblemente agotados, abandonaban el lugar bajo la atenta mirada de sus compañeros de fila e incapaces de asumir los sacramentos obtenidos bajo estas formas de conducta. Pero ahora los noticieros dejaban al descubierto otros modos de contacto y ya nada podía excluirse. |
[*La cita es textual, tomada de una sesión de evaluación]
[Apréciese una referencia y homenaje a luis martín-santos en tiempos de destrucción]
diecinueve de noviembre de dos mil doce
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